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miércoles, 6 de septiembre de 2017

El respeto nace en el aula

Cada escuela deberá agotar los recursos para integrar a cada niño, es un objetivo básico, no debería ser un llamado de atención cuando aparece un alumno con alguna necesidad especial. El respeto es indispensable para todos por igual para construir una convivencia cordial en el aula. Sin respeto, crece el rechazo, se alimenta el bullying, aparece ese agudo dolor en el alma de quienes deben soportar el desprecio…

Nunca deberíamos olvidar que cada niño es valioso para su familia, también para Dios. Si sos padre o madre sabes cuán valioso es tu hijo para vos. Entonces, no hagas lo que no te gustaría que le hagan a tu hijo. Respeto, tolerancia, amabilidad son valores que trascienden las clases sociales y los colegios privados. Esos valores nos diferencian de los ignorantes, de los necios y los corruptos.


El maltrato infantil puede adoptar muchos rostros, bullying, rechazo social, descalificación por el aspecto físico hasta llegar al extremo de la golpiza. Ningún niño merece semejante castigo, ninguno, ni uno...

Las madres que disfrutaban y festejaban porque habían desplazado de un aula a un niño con Asperger, pusieron a la vista de todo el mundo la propia incapacidad de comprender al prójimo, además de mostrar que carecen de valores.


La soberbia y el elitismo son un peligroso bumerán para quienes suelen usarlos a diario. No saben que muy pronto les llegará con la misma energía lo que lanzaron con desprecio... Las conductas elitistas siempre excluyen, porque nacen en la mirada de un “juez” que condena lo que ven como de menor valía. Su supuesta superioridad nace de la creencia de que el dinero y una buena posición social les acreditan millaje para volar alto. Nada tan falso ante la mirada de Dios, quien nos mira a todos con la misma esperanza de vernos bien.

El dinero y el poder no cambian a las personas, las muestran como verdaderamente son…

El respeto al prójimo comienza en cada hogar con nuestro ejemplo, cada palabra dicha con veneno se cuela en la mente de los chicos y luego la repiten en el aula. 

La diversidad es una oportunidad para compartir lo particular que tiene cada uno, porque cada quien es único e irrepetible y, a la vez, tiene algo en común: es el prójimo de todos. 

Cada niño es valioso, nuestro deber es reconocerlo con hechos cada día, en el aula y en cada lugar donde se encuentren. La tolerancia y el respeto ayudan a construir aulas amigables.




lunes, 18 de julio de 2016

KiVa, el método creado en Finlandia para combatir el bullying


   Por Walter Calabrese


En todas las escuelas del mundo aparecen situaciones de acoso escolar o bullying, un fenómeno que se extendió por instituciones públicas y privadas y que no reconoce clases sociales. Ni siquiera Finlandia, un país visto en la elite educativa mundial ha sido la excepción. No obstante, el país nórdico implementó desde 2009 un programa para eliminar el acoso en las escuelas, que fue nombrado KiVa (acrónimo de Kiusaamista Vastaan, que en finés significa en contra del bullying).

En el estudio realizado por la Universidad de Turku (suroeste de Finlandia) participaron 30.000 estudiantes de entre 7 y 15 años. Este nuevo sistema de convivencia permitió que se eliminara el bullying en el 80 por ciento de las escuelas y en las restantes se redujo el acoso en un 20%.

El método KiVa rápidamente fue implementado por 20 países de Europa y algunas instituciones de América Latina siguen sus pasos, como argentina, Perú, Chile y Colombia.

La gran diferencia que incorpora este programa es que incorpora a los llamados “testigos” del bullying, además de trabajar con las víctimas y los acosadores. Esto significa que se “toma en cuenta a las personas que se quedan calladas y sufren pasivamente el acoso. Porque si bien a nadie le gustar ser partícipe de una situación donde se violenta a una persona, muchos chicos no saben qué hacer para salir del paso o cómo defender a la víctima", indica Francisca Isasmendi, psicopedagoga y encargada del programa en el Colegio Santa María de Salta.

Los especialistas señalan que los testigos del bullying no son “protagonistas” del acoso, pero con sus silencios o sus risas van reforzando el poder del agresor. Si se trabaja con estos niños que cumple el rol de observadores para que puedan tomar conciencia de que su presencia los hace copartícipes del bullying, se logra que el agresor pierda su público. Con ello, ya no cuenta con espectadores para su puesta en escena de su supuesto “poder” sobre las víctimas. “Y cuando el grupo lo deja de apoyar y se queda solo, el acosador para”, reconoce Isasmendi.
Otro protocolo que sigue cuando se identifica en una clase una situación de bullying es la intervención de un equipo de profesionales entrenados para abordar el tema con el acosador, la víctima y los testigos. Se habla en forma individual para evitar más enfrentamientos.

Muchos alumnos se encuentran en la encrucijada de cómo actuar en esas situaciones de acoso escolar, no saben si huir, reírse con los demás para quedarse afuera del grupo, hablar con una autoridad o intervenir directamente. Lo real es que el acosador suele montar un ambiente en donde se le teme, y esto dificulta que algún compañero ponga un límite.

“Si bien a nadie le gustar ser partícipe en una situación donde se violenta a una persona, muchos chicos no saben qué hacer para salir del paso o cómo defender a la víctima”, afirma Francisca Isasmendi, encargada de KiVa en el Colegio Santa María.

"El impacto del sistema se siente sobre todo en los acosadores, porque si cambian las actitudes de los demás, (acosar) ya no es tan divertido", le indica a BBC Mundo en una entrevista Tiina Mäkelä, directora del programa KiVa del Instituto Escalae en España y entrenadora del programa en los países de habla hispana.

El bullying en América Latina
32% de los estudiantes de secundaria reconocen haber sufrido la rotura de sus pertenencias en la escuela
12% - 14% experimentó violencia verbal
10% dice haber sufrido amenazas de un compañero.
8% fue víctima de exclusión social
37,2% de los chicos de sexto grado dice haber sido insultado o amenazado.
Fuente: CEPAL y Bullying Sin Fronteras (2014)

La otra pata del programa KiVa es la prevención del bullying. "Esto incluye lecciones y actividades que se imparten dos veces al mes, durante 45 minutos, donde no se habla de casos particulares sino de conceptos generales", dice Tiina Mäkelä.

La idea es ir generando actividades que vayan creando un ambiente amable, generoso y respetuoso con sus compañeros. Además, se les enseña a saber diferenciar entre un conflicto entre pares, como una simple discusión (que es aceptable) de una situación de bullying (que no debe admitirse). Al actuar antes de que se genere el bullying, los niños pueden encontrar mayor bienestar en sus vínculos.

"Ahora nos anticipamos al problema y es más fácil identificarlo, porque los niños ya saben de qué se trata y cómo evitarlo. Antes actuábamos cuando la leche ya se había derramado. Ahora nos anticipamos al problema y es más fácil identificarlo que antes”, enseña Iván Galindo, director del Colegio Erik Erikson.

En este sentido, coincide Isasmendi: "Los chicos saben ahora que si están en una situación en la que no se sienten cómodos o se sienten violentados pueden pedir ayuda", puesto que el programa de prevención y concientización alcanza también a los padres y docentes. Y agrega la psicopedagoga argentina que "Hay que cambiar la cultura, porque aquí el bullying se toma muchas veces como algo normal y dicen 'son cosas de chicos, que lo resuelvan entre ellos'. Y, como consecuencia, muchos chicos transitan toda su escolaridad sintiéndose mal".
Los resultados se vislumbran con el tiempo e, incluso, aparecen más casos porque se hacen más visibles por la mayor conciencia que toman los alumnos. Pero los chicos toman otro protagonismo ante el conflicto: "Ha motivado a los alumnos a mostrarse más reflexivos y a tomar más en cuenta al otro", comenta una coordinadora de la misma institución.

Para la psicopedagoga Francisca Isasmendi, KiVa se trata mucho más que de una herramienta útil para actuar en la escuela, cree que "es más que un programa antibullying. Es una filosofía de vida que apunta al bienestar escolar, a crear un clima de trabajo donde los chicos puedan tener tolerancia y respeto".

El bullying atraviesa culturas y fronteras sin pedir permiso para intentar anular a otros niños, es un verdadero monstruo para muchos que deben asistir a clase. Para algunos, se torna en una pesadilla que afecta su conducta, emociones y afectos, hasta hacerlos sentirlos en u callejón sin salida. La burla es, tal vez, una de las más crueles agresiones que puede soportar un ser humano, pues la humillación y la vergüenza que acompañan a estas situaciones paralizan a los niños y lastiman una etapa que debería ser simplemente de aprendizaje con sus pares, en donde lo lúdico sea un aliado de lo académico, en donde el respeto se funda con la alegría de crecer en una ámbito de enseñanza.

Fuente: BBC Mundo




Adolescencia, miedo a crecer y apatía

El camino de los adolescentes en la escuela secundaria tiene altibajos que hay que mirar con atención


   Por Walter Calabrese


Proponer un camino para conocer las dificultades que atraviesa un adolescente que está terminando el secundario puede resultar una ardua tarea. El alumno que cursa el 5° año de la escuela media empieza a experimentar cambios en su manera de mirar la vida, pasa de actitudes de soberbia en donde creen saberlo todo a deambular con una sensación de vacío sin saber que le deparará el futuro. 

En ese andar pendular, sus estados de ánimo cambian permanentemente, vuelan con sus sueños de libertad, explorando y caminando a veces por los abismos de las adicciones o caen en el pozo de la apatía, perdiendo todo interés en el presente. 

A la crisis propia del crecimiento se le suma el fin de una etapa escolar que deriva en la entrada del mundo adulto del trabajo y la universidad. Y ese mundo, lo ven confuso, desdibujado incluso por las señales que le enviamos los adultos al decirles que estamos agobiados por el trabajo y que no tenemos tiempo para hacer lo que nos gustaría. 

El adolescente que se va asomando al final de la escuela secundaria puede empezar a sentir un cierto temor a crecer y a asumir nuevas responsabilidades. A ello, se suman otros factores externos que inciden en su cosmovisión del mundo: la influencias de las redes sociales y la tecnología en el acceso a la información, los modelos de conducta juvenil que proponen los medios de comunicación a través de la publicidad y de productos de ficción, el fácil acceso a las drogas y, en particular, una paulatina pérdida de autoridad de la figura paterna y materna, que trae como consecuencia una seria dificultad para establecer límites.

Jorge Guiducci, Rector de una escuela secundaria, al referirse a las características que definen al adolescente de hoy, las nuclea en cuatro temas: “el problema de la identidad, la experiencia de la problemática social, la divergencia con los adultos y la relación con los medios de comunicación”. El autor considera que el adolescente padece cierta inseguridad para decidir su identidad, y lo relaciona con las dificultades propias de poder asumir y elaborar el pasado, los problemas para afirmarse en el presente y, además, congeniar la alegría de los sueños proyectados con la incertidumbre del futuro. En cuanto al tema social, hoy cada vez más se imponen nuevas presiones para ser parte de algún movimiento, de ocupar espacios en donde las miradas aprueben lo que hacen. Aquí, se busca alcanzar el sentido de pertenencia ante sus pares. 

Cuando hablamos de los conflictos con los adultos, el listado es extenso, podríamos empezar con las diferencias que empiezan en el seno del hogar, con padres que trabajan muchas horas, los casos de familias ensambladas, la falta de consideración hacia los profesores, la creencia de que los padres son los que tienen toda la responsabilidad y el deber de su educación, la falta de referentes en la sociedad.

Por último, la relación de los jóvenes con los medios de comunicación se ha vuelto cada vez más vertiginosa, se vive frente a la pantalla y con ello la vida se convierte en una espiral virtual sin fin, se piensa y se convive digitalmente. Muchos terminan en una adicción a internet, pues pasan muchas horas “comunicándose” a través de las redes sociales.
El resultado de la combinación de todos esos factores va construyendo jóvenes egocéntricos, exhibicionistas, que queman etapas rápidamente y que pierden el interés en los valores que nos han permitido sobrevivir como sociedades ordenadas.

En el libro Claves para una Psicología del Desarrollo, María Cristina Griffa y José E. Moreno, señalan que el mundo actual no otorga con facilidad un lugar al joven para que vaya construyendo su identidad. “De modo, que la sensación de frustración, el fantasma del fracaso, la angustia y el miedo pesan aún más que la alegría por la vida”, aseguran los autores. Luego afirman que “la cultura contemporánea promueve más la despersonalización, la mimetización y el anonimato, que la apropiación de la identidad”. Es por ello que aparecen adolescentes que tienen un marcado temor a crecer y que en ocasiones está emparentado con la “búsqueda de su identidad enfrentando el complejo de muerte, así el joven recorre una o varias soluciones”:

·    No puede asumir la crisis, la dificultad de crecer y regresa a comportamientos infantiles.
·    Niega maníacamente sus aspectos infantiles y se impone conductas exteriores de adulto, e imita un rol que todavía no puede llenar.
·    Se sobreidentifica con los héroes propuestos por la sociedad hasta el punto de perder su individualidad.
·    Se enamora como tentativa de encuentro de la propia identidad.
·    Se vuelve cruel o intolerante, o veces indiferente, como defensa ante la pérdida de su identidad.
·    Irrumpen fantasías suicidas, reemplazando a la acción.

Griffa y Moreno concluyen diciendo que la adolescencia “es un período de tránsito, de migración, que implica abandonar aquellos objetos que hasta ese momento eran necesarios para abrirse a otros. De allí, que como proceso de separación implica pérdida y elaboración del duelo acompañado normalmente de fantasías suicidas”.

La psicoanalista Pilar Sordo en su libro No quiero crecer, habla de la importancia del autocuidado de lo emocional y físico de los jóvenes. Considera que “los adolescentes no comen bien, no duermen lo suficiente, creen que el alcohol puede desinhibirlos para poder conversar”, y que estas conductas desafiantes podrían traer problemas de salud en la adultez. A ello, la autora contrapone la idea de que los sueños deben ser el motor que nos empuje a mejorar y a buscar esa meta a lo largo de la vida. Sin duda, dejamos precisamente de ser jóvenes cuando abandonamos nuestros sueños y nos hundimos en las aguas de la resignación.

Muchos adolescentes no quieren crecer por temor a asumir las responsabilidades de la vida adulta, por inmadurez emocional, por traumas no resueltos, o porque no han desarrollado el hábito del esfuerzo cotidiano para cumplir con las obligaciones escolares.

Otro de los motivos que generan apatía y miedo a crecer es la exclusión social y escolar, la falta de recursos económicos muchas veces se traducen en limitaciones culturales que se convierten en lastimosas barreras para muchos adolescentes que sólo pueden ver el mundo pasar. Así, sin aspiraciones gana terreno la desmotivación, el aburrimiento, el desgano, ingredientes que combinados terminan derivando en la apatía.

El miedo a crecer frena a algunos adolescentes en un tiempo idealizado, y es por eso que repiten varias veces para no terminar la escuela secundaria. En otros casos, se produce por temores a abandonar las sensaciones placenteras que experimentaba en la niñez, en donde se presume cierta inmadurez emocional y conflictos en la relación con los padres.

El mejor camino para acercarse a nuestros hijos adolescentes es tender puentes de diálogo periódicamente para generar un clima de confianza familiar.Sólo así es posible prevenir y adelantarse a ciertos conflictos que hacen que los jóvenes se salgan de la carretera de sus sueños. Es absoluta responsabilidad de los padres saber cuáles son las aspiraciones y necesidades de sus hijos en cada etapa de la vida. La escuela puede favorecer ciertos procesos de aprendizaje, pero la atribución de formarlos en valores es de cada padre, eso es indelegable.

Bibliografía

Griffa, Moreno. Claves para una Psicología del desarrollo, Buenos Aires, Lugar Editorial, 2015.

Iparragirre, Silvia. Nuestros hijos, nuestros adolescentes, Buenos Aires, Grupo Editor Buenos Aires, 1980.

Sordo, Pilar. No quiero crecer, Santiago de Chile, Gripo Editorial Norma, 2009.

martes, 12 de julio de 2016

Integración escolar, perspectivas y realidades

La educación inclusiva es una educación que asume la diversidad, donde todos los niños y niñas aprenden juntos bajo condiciones que les garantizan el desarrollo de las capacidades esenciales para su participación.


     Por Walter Calabrese


Hay una realidad que no se puede soslayar ni esconder detrás de enormes proyectos, que pueden ser bienintencionados, pero que en el proceso de enseñanza-aprendizaje en el aula fallan en el intento de integrar a los niños y jóvenes con capacidades especiales. En las escuelas secundarias estatales, la mayoría de los docentes no ha tenido una formación específica en integración escolar, por lo que en el momento de estar en el aula no saben cómo manejar ciertas situaciones y menos aún trabajar para preparar una adaptación curricular y metodológica para esos alumnos con capacidades especiales. La hora de la verdad en el tema de la inclusión se ve en el aula. Allí, todos los documentos y propuestas elaboradas quedan en el aire cuando el docente no sabe cómo relacionarse con los alumnos con capacidades especiales.

Por lo cual, podemos asegurar que en muchas escuelas existe un gran vacío e incertidumbre para encarar el proceso de integración de estos alumnos.
La educación inclusiva es “una educación que asume la diversidad, donde todos los niños y niñas aprenden juntos bajo condiciones que les garantizan el desarrollo de las capacidades esenciales para su participación e integración social, requisito fundamental para evitar la discriminación y asegurar la igualdad de oportunidades. Los principios que orientan las políticas educativas para niños, niñas y jóvenes con discapacidad son los mismos que para cualquier alumno: el derecho a la educación, participación e igualdad de oportunidades. Estos principios están consagrados en diversos tratados internacionales, particularmente en la Convención sobre los Derechos del Niño ratificada por Chile en 1990”.

Las nuevas políticas educativas deben abogar por el desarrollo de una educación inclusiva, esto implica superar los enfoques homogeneizadores de la enseñanza, asegurando verdaderamente el acceso a todos los alumnos, incluidos aquellos que presentan necesidades educativas especiales. El enfoque inclusivo reconoce y valora estas diferencias y las concibe como una fuente de enriquecimiento para el aprendizaje escolar. Para ello, es necesario ajustarse a la diversidad de necesidades de aprendizaje de los alumnos, es el factor clave para conseguir una enseñanza de calidad.

Sin embargo, su implementación no está libre de dificultades. Estas nuevas respuestas demandan transformaciones importantes en los criterios de admisión escolar, en las concepciones y prácticas pedagógicas pero, sobre todo, requiere del compromiso y la voluntad política del Estado, de la sociedad y del sistema educacional. Desde esta perspectiva, las escuelas deben desarrollar formas de enseñanza que respondan a la diversidad del alumnado, llevando a la práctica los principios de una educación para todos y con todos. El concepto de diversidad plantea que los alumnos tienen necesidades (1) educativas comunes e individuales, y dentro de las últimas, algunas pueden ser especiales.

La Educación Inclusiva requiere de la implementación de estrategias pedagógico – didácticas específicas para la atención en la diversidad del alumnado. Para ello, hay que comprender que la diversidad es un valor que interpreta a las diferencias como posibilidad de enriquecimiento humano y social, y eso se logra respetando esas diferencias en el aula, generando espacios de enseñanza y aprendizaje cooperativo y colaborativos.


La idea de formar comunidad en la diversidad

Para que ese ideal de sociedad integradora se cumpla en las aulas es imprescindible que el rol del educador asuma nuevos compromisos de formación pedagógica. Entonces, desde los cimientos de una nueva formación integradora es posible que pueda  ayudar, acompañar y guiar para que cada alumno ocupe su rol, vinculando los contenidos con la realidad que viven. Este proceso requiere de una adaptación que ponga como centro a la educación inclusiva como espacio para despertar capacidades. Y esa educación, para los cristianos, puede ser vivenciada desde la fe como complemento indispensable para formar ciudadanos con valores.

El educador comprometido es aquel que está al servicio del crecimiento personal y comunitario. Para ello, la escuela tiene que ser percibida y vivida como una institución que anima desde la fe para integrarse a la cultura y la vida. Cuando educo en valores evangelizo educando e inscribo en el alma de cada educando el ejemplo de Cristo, el de vivir con vocación de servicio y respeto al prójimo. No debemos olvidar que Jesús era llamado Maestro, y sus enseñanzas nos siguen iluminando cada día. Su ejemplo, su valor para servir al prójimo debe estimularnos a vivir en sintonía con el prójimo. El Padre Rafael Brown decía que “debemos armonizar lo diverso para convivir en paz”. Entender la diversidad es aceptarla y convivir en el día a día a la par, sabiendo que cada ser es único e irrepetible, porque somos creaturas de Dios, sus hijos amados, en quien no ve diferencia ni privilegio alguno.
La educación en la fe busca afianzar principios éticos y valores morales, para que prevalezca el respeto por el prójimo, la verdad, la solidaridad, la prudencia, la caridad.

Se procurará, entonces, que en la escuela se desarrollen los aspectos socioemocionales, físicos y cognitivos de los alumnos a través de una educación integral, inclusiva y multicultural.
Cuando se habla de políticas de inclusión y diversidad, hay que partir del momento de la verdad que se vive en el aula. De lo contario, estaremos remando en la arena sin saber cómo se llega al mar, y es aquí cuando se produce un gran desgaste de energía individual al no existir un proyecto integrador con una visión y una misión. Cuando el docente entra a un aula debe llevar consigo las herramientas pedagógicas concretas y realizables para construir un espacio de integración real. La educación inclusiva es “el intento de activar un lugar, aún en las condiciones más adversas donde la subjetivación sea posible”.

"Ahora el desafío es formular una escuela para todos. Todos los niños y jóvenes tienen el derecho a la educación. No que nuestros sistemas educativos tengan derecho a ciertos tipos de niños. Es el sistema escolar de un país el que debe adaptarse para responder a las necesidades de los niños". (Bengt Lindqvist, 1997)

Para definir el término inclusión observamos la que fue elaborada por el Comité de Educación Especial de Nebraska: “ Inclusión es la oferta de servicios educativos para estudiantes con discapacidades en clases de educación general de la edad apropiada, bajo la supervisión directa de los maestros de educación general, con apoyo y asistencia de la educación especial y de acuerdo al proceso de planificación educativa individualizada ".

El objetivo de la inclusiva debe apuntar a cambiar en la escuelas sus currículos para que consideren la adaptación de los mismos para los casos en que sea necesario responder a las particularidades de algunos alumnos, comprometiendo a cada agente del proceso escolar a no permitir que nadie quede excluido por ningún motivo. “Una escuela que excluye las desigualdades incluye las diferencias”. Por ello, uno de los objetivos primordiales de una educación comprometida será el de ofrecer al alumno integrado alternativas para la constitución de vínculos, acompañándolo en el camino del proceso de interacción-inclusión del grupo escolar al que pertenece.

La inclusión de alumnos con discapacidad es un reto permanente para las escuelas comunes, en las que el desconocimiento, la falta de información precisa y el rechazo son los principales obstáculos. En los últimos años, en la Argentina aumentó la inclusión de chicos con discapacidades en el nivel primario. Los especialistas en el tema coinciden en que esta diversidad enriquece a todos los alumnos, pero su integración requiere de una mayor formación específica por parte de los docentes y directivos.

Otro de los aspectos a tener en cuenta para la inclusión escolar es cómo se viabilizan las comunicaciones dentro de la escuela. García Requena (2) considera que “las relaciones humanas deben establecerse dentro de un clima de auténtica libertad, favoreciendo la autonomía, la capacidad de elección, el autogobierno y el respeto a la libertad de las otras personas que nos rodean”. El autor, afirma que “la persona es, también, comunicación que se manifiesta saliendo de sí misma, comprendiendo posturas y conductas distintas de las propias”. Estos conceptos son útiles para construir una comunicación clara, conveniente y cordial que permita el diálogo y la integración de todos los alumnos.

No se puede pensar la educación sin comunicación. En este sentido, Rolando Martiñá (3), en su artículo Qué decimos más allá de las palabras, considera que la escuela, como cualquier sistema social, sólo podrá crecer y fructificar cuando, entre otras cosas, sea capaz de pautar clara y conscientemente su comunicación (…) cuando pueda asumir que ninguna comunidad humana se construye sólidamente negando las diferencias, sino integrándolas y superándolas en función de las semejanzas”.

García Requena también considera que la comunicación es vital para comprender las interacciones que se dan dentro de la escuela, del cual resulta un ecosistema que marca el clima social del centro que define y limita el ámbito concreto de la acción y el ambiente general del establecimiento docente. Los conceptos de García Requena sirven para iluminar y dejar bien claro que la persona es el eje de las relaciones humanas. Concluirá afirmando que “las adecuadas relaciones humanas son el alma de las instituciones educativas, ellas proporcionan cohesión, dan un sello inconfundible, proporcionan moral de éxito a la Comunidad Escolar, dan satisfacción a cada uno de los miembros de ésta y son el soporte sobre el que se asienta la actividad académica”.

De ello, es fácil inferir que en una institución donde no se valoren los vínculos, la comunicación y la inclusión, se habrá perdido buena parte de su identidad y esencia como establecimiento educativo.

El camino de la inclusión en Argentina

Desde el año 2008, a través de la sanción de la ley 26.378, la Argentina reconoce el derecho de los niños, adolescentes y adultos con alguna o varias discapacidades a una educación inclusiva en todos los niveles. Como consecuencia, entre el 2007 y 2010, la inclusión se incrementó un 47% en las escuelas comunes, según la Dirección Nacional de Información y Evaluación de la Calidad Educativa (DINIECE). No obstante, en el nivel secundario solo el 15% de los jóvenes con capacidades especiales concurren a un colegio común, y las puertas, lamentablemente, siguen cerrándose para muchos alumnos.

Ricardo Berridi, médico pediatra especialista en discapacidad de la Sociedad Argentina de Pediatría, afirma: "¿Cómo hacemos una sociedad inclusiva si no tenemos inclusión escolar? En una situación ideal cualquier chico con discapacidad podría ir a una escuela común. No es éste el que se tiene que adaptar, sino la sociedad es la que tiene que hacerlo".

El camino puede parecer complejo, pero con la incorporación de docentes y directivos preparados para la inclusión escolar podremos abrir las puertas para el desarrollo de un trabajo interdisciplinario orientado específicamente hacia el cumplimiento de la consigna integradora en la escuela. Para ello, además, resulta fundamental que se encaren reformas edilicias, como la adaptación de las instalaciones, y una profunda capacitación docente, para que el trabajo en conjunto de las maestras comunes y especiales pueda coordinarse desde dicho departamento. Lo queda claro en este terreno, es que resulta clave tener la voluntad política de hacerlo realidad. Aquí, el Estado debe jugar un papel determinante para configurar políticas educativas inclusivas que trasciendan los documentos y se vean plasmadas en la realidad de cada aula.

La atención a la diversidad implica un cambio profundo en la cultura escolar, que se caracteriza por ofrecer respuestas educativas homogéneas a alumnas y alumnos con distintas capacidades, intereses, motivaciones y estilos de aprendizaje. La escasa consideración de las diferencias en los procesos educativos es uno de los principales factores que genera dificultades de aprendizaje y participación, y se traduce en altos índices de repetición y abandono escolar.

Todo proceso de cambio implica resistencias e incertidumbres relacionadas con el temor a lo desconocido, pero también ofrece oportunidades de crecimiento y desarrollo personal y profesional, sentencia un informe de la Unesco llamado Experiencias de Integración Educativa. Remarca, además, que las experiencias también nos enseñan que el cambio es más profundo y significativo cuando es asumido por toda la comunidad educativa y no sólo por algunos docentes de forma aislada.

El informe de la Unesco (4) reúne numerosos testimonios que revelan cómo la integración ha supuesto un proceso de innovación educativa que ha obligado a romper con las concepciones y prácticas que consideran que todos los niños y niñas son iguales y aprenden de la misma forma. Los docentes y especialistas han buscado diferentes estrategias para lograr que los alumnos con necesidades educativas especiales participen y aprendan lo máximo posible, lo cual ha sido beneficioso para el resto de los alumnos y ha enriquecido sus prácticas educativas.

La educación inclusiva supone la implementación de estrategias y recursos de apoyo que ayuden a las escuelas y a sus profesores a enfrentar con éxito los cambios que involucra esta práctica. Este documento nos muestra que las comunidades educativas que desarrollan su capacidad de asumir nuevos riesgos y de resolver creativamente los problemas que surgen de estas innovaciones logran condiciones favorables para el aprendizaje de todos sus integrantes, generando un ambiente de convivencia basado en valores de respeto y cooperación.
Educación inclusiva es un concepto más amplio que el de integración educativa, el cual se relaciona principalmente con la incorporación de niños y niñas con algún tipo de discapacidad al sistema regular. Una educación inclusiva implica que todos los niños de una determinada comunidad, incluyendo aquellos que presentan alguna discapacidad, aprendan juntos, independientemente de sus condiciones personales, sociales o culturales. Es un concepto que interpela en profundidad la naturaleza de la educación regular y de la escuela común.

El proceso de integración exige el compromiso de todos los docentes, directivos, EOE, y, en particular, del apoyo de los especialistas en educación especial, puesto que sus aportes son un requisito para equiparar las oportunidades de aprendizaje. También es de suma importancia el rol de la familia en la integración escolar.
Podemos concluir que educar en la diversidad beneficia y enriquece a todos los alumnos, pues aprenden a derribar las barreras de la indiferencia y del rechazo, al tiempo que entienden que todos pueden aprender de todos.

La respuesta de los institutos cristianos a la necesidad de una Educación inclusiva debe ser  un indicio válido de que cumple con los valores cristianos, porque de ese modo pone a la persona como eje de las relaciones humanas, porque genera un clima de auténtica libertad y respeto, porque adopta un verdadero compromiso con valores humanos y sociales, porque se propone como una organización inteligente, abierta, integradora, cuidadosa de los vínculos.

“En la medida en que yo me sienta diferente, diverso, excepcional, capaz para unas cosas y discapacitado para otras, iré entendiendo y capacitándome para la educación inclusiva y para la sociedad de la diversidad…”  (Moriña, 2004)


Bibliografía

(1) Cada escuela a un mundo http://portales.mineduc.cl/usuarios/edu.especial/doc/201305151255060.CADAESCUELAUNMUNDO.pdf

(2) García Requena, F. Primer extracto del cap. XI. (1997) “Organización escolar y gestión de centros educativos”, Málaga, Edic. Aljibe. Págs. 177/189

(3) Martiñá, Rolando. “Qué decimos más allá de las palabras”. Artículo revista la Obra, Revista de Educación, Año LX, N° 746, 5.7.81, Secretaría de Educación.


(4) “Inclusión de Niños con Discapacidad en la Escuela Regular”. Debate 8. HINENi, UNESCO y UNICEF – www.unicef.cl

sábado, 2 de julio de 2016

La evaluación al docente, tema de conflicto en América Latina

Las reformas educativas han tenido distintas recepciones y rechazos a lo largo de Latinoamérica en los temas relacionados con la evaluación docente y de los alumnos.

 
Provocando diversas críticas en el ámbito educativo de la Argentina, el actual gobierno lanzó a principios de año un polémico proyecto que evaluará tanto a docentes como a alumnos de todo el país.

El objetivo expresado por el primer mandatario argentino en este proyecto apunta a que se obtengan datos precisos que permitan mejorar el aprendizaje de los estudiantes.
En América Latina, estas reformas crearon polémicas y rechazo. Actualmente, en México, ocho personas murieron en una protesta que parece no tener fin. El motivo es la resistencia a la implementación de una evaluación a nivel docente nacional ya que, según OCDE, este país se encuentra último en la escala de 39 países con menor nivel en su sistema educativo.
Pero, ¿por qué es tan necesario este “observatorio” de la calidad docente?, ¿qué es lo que se pretende evaluar: aspectos que tienen que ver con lo académico, los resultados en el aula, lo pedagógico o su ética profesional? ¿Cuáles son los factores que provocan resistencia por parte del sector docente?

Para comprender mejor las razones para la creación de un Instituto de Evaluación de la Calidad y Equidad Educativa debemos conocer cómo lo hacen otros países y cuáles son sus resultados.

¿Cómo son las evaluaciones en otros países?
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos 
(OCDE) analiza cómo se evalúa al profesorado en distintos países.
El informe realizado por esta organización en 2013 dice que Finlandia, Singapur, Noruega, Chile y Bélgica son los países más destacados en cuanto a eficacia de la evaluación a docentes.

Según Universia-Ecuador ,  las principales características son:

1 – Finlandia
El Ministerio de Educación y Cultura no evalúa de manera formal al profesorado, sino que está a cargo de los gobiernos locales y el sindicato de profesores. Los directores de las instituciones son los que deben comprobar si se cumplen los objetivos del currículo nacional y el plan de cada institución. Los directores se entrevistan cara a cara con los docentes por lo que la evaluación se hace de manera informal y a través del diálogo, conociendo qué problemas o necesidades afectan al centro y planteando en conjunto las medidas para mejorar la calidad de educación del mismo.

2 – Noruega
Aquí la evaluación del docente se realiza a través de la opinión de los alumnos por medio de encuestas. Ellos pueden opinar sobre la efectividad de las prácticas educativas de sus docentes, la infraestructura y materiales utilizados para su estudio. Con el resultado de las encuestas (que también llega a la supervisión del docente) los profesores programan las mejoras necesarias.

3 – Singapur
Este país cuenta con un Sistema de gestión del Rendimiento Mejorado (EPMS) de los docentes que se basa en tres puntos: itinerario profesional, incentivos económicos y sistema de evaluación. De acuerdo a sus resultados, los supervisores se reúnen con los docentes para incentivar a los que han evolucionado positivamente y se asiste con formación a los que necesitan mejorar. Esto da lugar a un sistema de crecimiento por mérito a través de tres itinerarios y según sus intereses y aspiraciones. Los tres itinerarios son:
- itinerario educativo, donde los profesores perfeccionan sus capacidades y técnicas pedagógicas y ascienden dentro del propio sistema escolar.
- itinerario de liderazgo, a través del que pueden acceder a puestos de gestión y dirección en centros o en el Ministerio.
- itinerario de especialista senior, creado para profesores que quieren especializarse en ciertas áreas que abren nuevos caminos en la educación.

4 – Bélgica
En Bélgica los docentes son evaluados por los resultados del aula, la implicación de los profesores con la institución para la que trabajan y también con las familias.
Estas evaluaciones se dan cada tres o cuatro años y los resultados se toman para hacer un seguimiento del estado de la profesión a nivel país y también para incentivar a los docentes según su rendimiento. Además de esto, los profesores son también evaluados en las escuelas en las que imparten clases mediante evaluaciones formales u observación directa de sus clases.


Panorama latinoamericano
En América Latina el país que lleva más años evaluando a sus maestros es Chile.
La medida se aprobó en 2006 tras una larga negociación con los sindicatos y con la promulgación de la Ley de la Carrera. El país trasandino posee un Sistema de Evaluación del Desempeño Profesional Docente que es obligatorio para los docentes. Las evaluaciones se realizan a partir de cuatro puntos que permiten conocer el desempeño del docente:

- Un portfolio con una unidad didáctica y la grabación de una clase de 40 minutos, la cual es examinada y corregida.
- Una pauta de autoevaluación donde el mismo docente valora y evalúa su desempeño.
- Una entrevista por un evaluador par sobre la práctica profesional del docente.
- Informes de referencia de terceros que estén en escalones más altos en orden jerárquico.

Los datos obtenidos son pasados a un sistema informático que calcula el nivel de desempeño docente y realiza un informe sobre el mismo. Al final, la Comisión Comunal de Evaluación es la última que evalúa dicho informe y determina los resultados, a través de los cuales los docentes pueden pedir un incentivo monetario, seguir ejerciendo hasta ser re-evaluados o realizar un Plan de Superación Profesional para mejorar en las áreas que así lo requieran. Si el docente no mejora en las siguientes evaluaciones, entonces puede ser obligado a dejar de ejercer.

"La mayoría de los países con buenos resultados educativos evalúa a sus profesores", dice Cristián Cox Donoso, experto en estrategia docente de 
Oficina Regional de Educación de la UNESCO para América Latina y el Caribe.

Además de México, otros países del cono sur están comenzando a proyectar el sistema de evaluación a docentes. Un ejemplo de ello son Perú, Colombia y Argentina.

La diversidad cultural de América Latina crea una tensión acerca del perfil del docente que, a la hora de ser evaluado, es imperante centrarse en las características socio-regionales.
Es así como existe una dicotomía en el ejercicio de la profesión: ¿son los docentes profesionales o trabajadores de la educación? ¿Solo es docente el que posee formación terciaria, o también lo es aquel que cumple un rol de agente comunitario en regiones pobres?

En “Estado del arte y criterios orientadores para la elaboración de políticas de formación y desarrollo profesional de docentes de primera infancia en América Latina y el Caribe”, 
documento realizado por la UNESCO, menciona que Argentina, Chile, Perú y México discuten dos perspectivas sobre el quehacer educativo con la primera infancia: por un lado, el docente como trabajador de la educación y por otro, como profesional del campo educacional. Dice allí: Desde una perspectiva de trabajadores de la educación, “dos aspectos distinguen el trabajo docente: su carácter colectivo, ya que los procesos de trabajo que se llevan adelante en la institución educativa trascienden los límites del aula y la escuela y se conectan con el conjunto de la vida social; y su carácter productivo en el sentido de trabajo creador”, como señaló el Grupo Nacional de Discusión de Argentina (pp.34).

Según el Grupo Nacional de Discusión de Argentina citado en el documento de la UNESCO, “La docencia es una profesión cuya especialidad se centra en la enseñanza, entendida como acción intencional y socialmente mediada para la transmisión de la cultura y para el desarrollo de las potencialidades y capacidades de los alumnos, lo que no necesariamente desconoce la dimensión del trabajo” (pp.35). Desde esta concepción, que se alinea además con estándares de organismos internacionales como la OCDE, se incluyen solo aquellos docentes formados en educación terciaria. Como es posible comprender, ello excluye al gran número de educadores y agentes comunitarios que sin este tipo de formación superior desempeñan hoy labores docentes.

Ante ello, sobre todo los países con mayor número de programas no convencionales o no formales, sienten invalidada su fuerza laboral que se desempeña en la educación de la primera infancia. Países como Nicaragua, Honduras y Guatemala abogan por una comprensión de sus docentes en un sentido más amplio. El reporte de los países asocia estrechamente estas perspectivas, con la distinción entre cuidado y educación para la primera infancia.” En los programas donde predomina una visión Educativa tiende a prevalecer la presencia de docentes profesionales, mientras en programas centrados en el cuidado, predomina el rol de otros agentes sociales.

El análisis de los informes muestra que los docentes de la primera infancia se encuentran en una tensión propia de la edad del profesionalismo post-moderno. “Los docentes tratan con una compleja y diversificada clientela, en condiciones de creciente incertidumbre moral, donde hay muchas estrategias de enseñanza que son viables, y donde hay más y más grupos sociales que ejercen su influencia y tienen algo que decir” (Hargreaves, 1996, pp. 34).

Visto esto, es necesario pensar que si existe una homogeneización en la formación docente también es importante un monitoreo de su ejercicio. Y no existe otro modo sino por medio de una evaluación sistematizada que permita una lectura en contexto con cada país.
Las resistencias a tales evaluaciones deben ser analizadas desde un punto de vista netamente político o, si se prefiere, gremialista. La labor del docente no está por fuera de la política educativa de sus gobernantes, sino que la expresan y desarrollan en función de la visión global del Estado.

Países como México en donde hasta 2012 no se conocía la cantidad de escuelas que tenía, necesitaron replantear una política educativa eficaz. La evaluación docente es un instrumento para realizar ajustes. Y la evaluación a docentes también.


“La idoneidad desde la perspectiva profesional demanda de los docentes un trabajo altamente especializado, competencias racionales y técnicas que son exclusivas de su oficio y que se aprenden en tiempos y espacios determinados”, así lo expresa la UNESCO. Y en América Latina hace falta una seria autocrítica si se pretende lograr la calidad educativa que hay en países del hemisferio Norte.


Por Silvia Romero


viernes, 18 de abril de 2014

Educación y valores cristianos


El perdón como camino para libertad



Cada año tenemos la oportunidad de encontrar un tiempo en Semana Santa para la reflexión con Dios, en donde podemos revisar nuestro andar en la vida y, además, valorar ciertamente el mensaje de la cruz en las Pascuas. Sencillamente, es disponer nuestro espíritu para celebrar la victoria de Cristo por liberar al mundo de sus pecados con su sacrificio por la humanidad. Con Jesús podemos resucitar acercándonos a Dios con sencillez y perdonando. Sólo el perdón puede tender puentes donde antes había abismos.

Para recorrer ese puente hay que pensarnos mirando al prójimo, desprogramando los mandatos que se filtraron en nuestra psiquis para limitarnos y ponerles cepos al alma. Sin perdón sembramos semillas amargas que bloquean las buenas intenciones y edifican muros infranqueables. 




El ser humano es una compleja maquinaria de emociones, pensamientos, recuerdos e instintos. Para entender algunos mecanismos que se generan en la psiquis y las repercusiones que trae sobre la salud es preciso analizar cómo el rencor y el resentimiento pueden afectar varias áreas de nuestra vida.

Por un lado, la falta de perdón produce raíces de amargura que pueden repercutir en nuestras relaciones interpersonales, en la manera de pensar y enfrentar las dificultades. A la vez, esas emociones encontradas nos empujan a “atarnos” a la persona que sigue en la mira. Esto nos lleva a pensar constantemente en lo que pasó, en lo que el otro dijo o hizo, en las agresiones recibidas y, también, en nuestras reacciones e iras. Este coctel agrio y difícil de digerir nos esclaviza, porque vivimos pendiente de esa situación.

El perdonar es uno de los atributos que distinguen al cristiano, pues es un acto de misericordia y de amor. Ese camino fue iniciado por Jesús, quien en cada hecho mostraba que el perdón abría las puertas del cielo para que desde allí venga mayor luz para entender un asunto. Tal vez, no haya habido acción más sublime que la que se dio en la cruz, cuando Cristo después de haber sido maltratado y torturado le dice a Dios “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Después de semejante acto de benevolencia quién puede atribuirse el lugar de juez para no perdonar a otros o, incluso, no perdonarse uno mismo.
“Porque si perdonáis a los hombres su ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial” 

       Mateo 6: 14

Cuando perdonamos liberamos dos personas, al que nos molestaba y a nosotros mismos. Por ello, el perdón se convierte en el único camino para liberarnos de la esclavitud del rencor y alcanzar la libertad emocional, espiritual y física.


Cuando los senderos del rencor afectan la salud 

El concepto de salud está concebido en función de ciertos patrones biopsicosociales que interactúan en el individuo para alcanzar el equilibrio entre el cuerpo, su psiquis y la capacidad de relacionarse y adaptarse al entorno. 

Algunos estudios realizados por Luskin dan cuenta de que cuando se perdona, la persona comienza a recuperar emociones positivas y, de este modo, tiene una mayor predisposición a sentir esperanza, seguridad y sensaciones de felicidad. Además, “las personas que aprenden a perdonar se vuelven menos ansiosas, sufren menos stress, se deprimen menos y aprenden a valorarse más” (Luskin, 2008:83). Por lo cual, el efecto del perdón sobre la salud física es algo que puede constatarse, según consignan diversas investigaciones hechas en los EEUU.

Un estudio realizado reveló que quienes perdonan a los ofensores, comienzan a tener mejorías en el funcionamientos del sistema cardiovascular y nervioso (Van Oyen 2001). Por el contario, cuando el resentimiento permanece se registran aumentos en la presión arterial y en el ritmo cardíaco. De prolongarse este estado en el tiempo, se podrían generar afecciones en el aparato cardiovascular.

Otra investigación realizada en la Universidad de Tennessee confirmó que el acto de perdonar reduce rápidamente el stress. Si bien estos primeros indicios sobre el perdón no pueden arrojar un resultado definitivo, se está en condiciones de afirmar que influye positivamente sobre el área físico- emocional y en la parte espiritual, pues la persona siente que se alivia de una carga que llevaba todo el tiempo.



Cómo llegar al perdón

Toda circunstancia que consideramos como negativa en su momento puede adquirir otra valoración si nos proponemos realizar una reevaluación de los hechos. Esto implica que debemos ampliar la mirada y el contexto particular en que situó el conflicto. 

Para ello, hay que adoptar una actitud empática para poder ver la realidad y vivencias de la otra persona que la llevaron a actuar de una manera determinada que nos afectó. También, proponernos revisar cómo estábamos emocionalmente y qué esperábamos del otro. Es decir, mirar el asunto desde otros ángulos, ampliar el panorama en que se dio el suceso que creó la discordia y, fundamentalmente, pensar como cristianos. 

Cuando a Jesús le planteaban una controversia para que opinara, siempre se tomaba un momento para responder, y cuando hablaba buscaba un camino para la reconciliación o para la reflexión.  Él sabía muy bien que el perdón traía la restauración completa de la persona, porque se reconciliaba con Dios y consigo mismo. Ese paso adelante le permitía también el reencuentro con su prójimo. 

En Cristo está el verdadero camino de la libertad, porque vivió y padeció por nosotros para enseñarnos que cada persona es valiosa para Dios. En el Salmo 103:3 lo vemos con claridad: “Él es quien perdona todas tus iniquidades. El que sana todas tus dolencias”

Jesús no vino al mundo para ser juez sino para salvarnos. Si valoramos su obra y sus enseñanzas podremos dar el primer paso: perdonarnos a nosotros mismos. Una vez que lo logramos, tendremos la visión más despejada para poder perdonar a los demás.

Para los que todavía no creen o no tuvieron la oportunidad de encontrase con Jesús, pueden mirar su vida desde la perspectiva histórica, puesto que la Biblia es un libro que relata hechos que sucedieron verdaderamente. Si no fuera así, los romanos no hubieran perseguido a los cristianos. También desde el razonamiento histórico se puede llegar a la fe.

El amor del que habla Jesús excede todo conocimiento humano, nos enseñó a orar con el padrenuestro, que es un himno a la reconciliación con la humanidad y en cual decimos “Perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. En las Escrituras encontramos muchas enseñanzas acerca del perdón: “perdonad setenta veces siete”, “no devuelvas mal por mal, ni injuria por injuria, sino retribuye con bendiciones, pues heredarás una bendición”.

Cuando el cristiano busca el perdón, lo hace también para que el otro encuentre su paz. Así, el hombre se reencuentra a sí mismo, se siente digno por su buen obrar, al tiempo que enaltece la obra de Cristo al aplicar sus principios.




El coraje de perdonar

En una época donde la violencia y las injusticias parecen instalarse en algunas sociedades, se requiere de mucho coraje para perdonar. Para lograrlo, debemos hacer un aprendizaje que parte de nuestras propias experiencias de vida y a partir de la Palabra de Dios como referencia necesaria.

Para algunos, hablar de misericordia les podría resultar ridículo cuando el mundo es cada vez más inhumano y avasallador. Los últimos siglos han teñido la historia de sangre inocente con revoluciones, guerras y dictaduras. Y en todas ellas la primera víctima fue la verdad, porque ante la pregunta de por qué Dios permitió eso, deberíamos reflexionar y ver que la crisis moral del hombre lo llevó a perder de vista los valores cristianos que ponen al prójimo en primer lugar. El hombre es la única especie que es capaz de aniquilarse a sí misma, porque sin Dios es incapaz de valorar la vida del prójimo, los genocidios y la bomba nuclear son nefastos ejemplos de ello.

  

La Madre Teresa de Calcuta imaginó y transitó su vida por un sendero de misericordia y perdón 


Muchas familiares de aquellas víctimas tuvieron que buscar respuestas en la justicia, que es necesaria, pero insuficientes para acallar el dolor de las pérdidas. Para ellos, sólo les queda un camino: encontrar coraje para perdonar y poder ser libres de esa pesada carga.

El sacerdote y profesor de teología moral Gaspar Mora Bartres sostiene “que el cristiano perdona porque ha sido antes perdonado por Dios (…) Saberse ya perdonado es el único clima que hace capaz al hombre de dar estos dos pasos; entender al que hace el mal y aceptar las propias negatividades, sin negarlas”.

Luego agregará: “Situemos el mensaje cristiano sobre el amor que perdona. No es sólo una palabra propuesta a unas personas que sufren. Es la revelación de Dios Padre a una humanidad marcada por el odio, la confrontación y la venganza, hace dos mil años, y hoy también (…) Dios revela su llamada a un amor que perdona, no para paliar sino para resolver, como salvación de nuestra violencia humana por caminos de paz y de reconciliación”.



La paz social requiere del perdón

No hace falta ser historiador para entender algunos yerros de nuestra sociedad que vienen de arrastre por los abusos de poder, corrupción y persecuciones. Esas inequidades han generado exclusión y pobreza, entre otros perjuicios. Para borrar ese pasado que no suma hay que perdonar y pedir perdón para empezar de nuevo. Tal vez, sea el momento de revisar las cuentas para que quienes estuvieron en la cima del poder pongan el pie en el freno y observen la calidad de vida que lleva su gente. Luego, sería sensato que analicen cuánta responsabilidad les cabe a ellos en esa historia. Después del mea culpa, debería aparecer el tiempo de pedir perdón a la gente, porque lo necesitan para poder soñar con algún horizonte creíble. Sólo así podremos intentar tejer nuevos lazos que recompongan la paz social.

Los argentinos debemos recuperar el orgullo de ser honestos. Para lograrlo, hay que pasar inevitablemente por el camino de la autocrítica y el perdón. La paz social es necesaria para que crezcamos como pueblo. Sin ella, seguiremos dando vueltas en círculos buscando culpables y ensañándonos en inútiles venganzas que sólo pueden llevar a un callejón sin salida.

Por otra parte, muchos jóvenes caen en el desencanto que plantea esta posmodernidad que ha embalsamado los grandes proyectos y utopías que empujaban a la humanidad para hacerla mejor. Por ello, nuestros hijos no parten de cero, son el fruto de nuestra zigzagueante historia. Debemos pedirles perdón a ellos por la sociedad que construimos y alentarlos a que asuman el compromiso de mejorarla con otros valores.

El gran desafío será, entonces, reconocer los males de nuestra época y abrazar la idea de que sin misericordia caminamos hacia la autodestrucción.

Es tiempo de volver a las fuentes que hicieron crecer a la civilización reconociendo los valores cristianos que la cimentaron. Cuando Jesús dijo “Yo soy el camino, la verdad y la vida” estaba indicándonos la fórmula para convivir en paz unos con otros.

El teólogo Gaspar Mora Bartres lo resume así: “La experiencia cristiana entiende que quien busca la luz sobre la vida, la encuentra; y que toda luz auténtica es reflejo del Evangelio de Jesús”. 

Cuando se trata de perdonar, no importa tanto el camino sino el resultado, porque siempre traerá luz sobre muchas vidas.
“Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”

                                                     Efesios 4:32
 





  

Reflexiones

·         Perdonar no es olvidar, sino es una manera de abandonar nuestro pasado doloroso y encaminarnos a nuestro futuro.

·         Perdonar es soltar un prisionero de adentro de nuestro y descubrir que el prisionero éramos nosotros mismos.

·         Perdonar es renunciar a nuestro derecho a la venganza y dejar eso en las manos de Dios.

·         Perdonar es algo que hacemos por nosotros mismos para mejorar la calidad de vida.

·         Nadie puede estar al mismo tiempo en el presente y en el pasado, ni siquiera lo logra al intentar entender lo sucedido.

·         Cuando perdonamos podemos darnos permiso para sentirnos mejores personas.



 
Walter Calabrese
* Lic. en Comunicación social / Analista Internacional

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